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Aprender a vivir implica aprender a desprenderse

  • Foto del escritor: SandraLedoCounselor
    SandraLedoCounselor
  • 29 ene 2021
  • 2 Min. de lectura

Las personas necesitamos de los vínculos para crecer y desarrollarnos. Cuando algunos de esos vínculos se rompen, se produce un período de emoción intensa que es el duelo.



"Aprender a vivir implica aprender a desprenderse".

En el ciclo vital de las personas está marcado el desarrollo de una conducta, en la que se manifiesta que el ser humano es un animal sociable por necesidad, y no por elección.

Por consiguiente, son muy importantes, las relaciones sociales. Cuando esos lazos afectivos se rompen, por el fallecimiento de un ser querido, se produce un estado afectivo de gran intensidad emocional llamado DUELO.


La elaboración de las pérdidas es posiblemente un tema central en la existencia humana.
A lo largo de la vida, desde el propio nacimiento, sufrimos la primer pérdida, que es la separación dolorosa de la madre, fuera del vientre materno, y luego a lo largo del ciclo de nuestra existencia, experimentamos un continuo movimiento de generación de nuevos vínculos y nuevas pérdidas, hasta la última y probablemente más temida, que es la de la propia muerte.

Cada pérdida representará en nosotros un duelo, y la intensidad del mismo, dependerá del valor que se le atribuye, la carga afectiva que nos imprime, en nuestro ser.


El dolor por las pérdidas, es parte de nuestra condición humana, de nuestra naturaleza. Podemos considerar que el duelo es producido por cualquier tipo de pérdida, y no sólo por la muerte de una persona. El proceso de duelo se presenta siempre que suceda en nuestra vida, una pérdida significativa, siempre que se pierde algo que tiene valor, real o simbólico, consciente o no.


El duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, en la pérdida de algo o de alguien con valor significativo. Por ende, el duelo es un proceso normal, una experiencia humana por la que pasa toda persona y provoca sufrimiento.

El ser humano es vulnerable y forma parte de su ser, su hacer y su decir esa vulnerabilidad. Por ello el sufrimiento nos pone en contacto directo con nuestra vulnerabilidad.


Debemos aprender a asimilar los sufrimientos que nos provocan las pérdidas. Esto como proceso lógico, genera movimientos espiralados, que pretenden dilucidar el significado de esa pérdida, hasta que finalmente llega el momento de la aceptación, lo que implica un transitar en ese proceso y para lograr hacer frente, e iniciamos el camino de superación de esa pérdida.

Poder expresar, lo que sentimos, es un paso hacia su superación.


La función que cumple el Counselor (Consultor Psicológico) es la de acompañar la palabra y la articulación del consultante, de lo que le sucede ante el proceso de duelo, y con la escucha activa, con la empatía y aceptación positiva e incondicional hacia la persona que atraviesa la pérdida y que recurre a la ayuda en ese estado doloroso.

La persona que sufre necesita un espacio y un tiempo de escucha, para poder elaborar y comprender lo que le pasa. Cada persona requiere de un tiempo específico, que será único y personal.
La Consultoría psicológica es el espacio que promueve un vínculo necesario y suficiente, para que un clima de confianza logrado, esa persona pueda expresarse y sentirse segura y aceptada.

Clr. Sandra G. Ledo.

Consultora Psicológica.

 
 
 

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